11 enero, 2010

Fugaz la visión...

Fugaz la visión de que muero por error,





colmándote así
de gracia marchita, de grandioso
estrépito sin color, de aroma marfil.

Marchas de abril y de meses desconocidos,
de brutales y hermosos
estrépitos coloridos,
dormidos por inagotables torrentes de pavor.

Triste la noche que se desvela por ti
y por mí. Muriéndose de a poco
en este lago mordido
por la vejez del tiempo absorto.

Triste tú, nocturno yo,
que te cubro con sábanas eternas
y oscuras de tanto cansancio acostumbrado
a tus besos, eternos como el tiempo.

Y aquí estamos, perdidos
en dimensiones escalofriantes
donde deseo encontrarte
perdida en mí, como yo sé que estás.

Pobre tu sonrisa que me incita,
a jugarme partidas
de sangre derrochada
en noches de mentira.

Y yo no me decido, a jugarte.

28 noviembre, 2009

Cariño, nos venimos abajo.

Érase una vez un chico que nació con astas de alce. Un día, mientras caminaba tranquilo, niños que jugaban le arrojaron una prenda de vestir algo extraña, que quedó guindando en sus astas. Pero él, entre suspiros incesantes, siguió caminando. Algunas veces en vez de arrojarle cosas le hacían señas con las manos.

Otro día estuvo sentado en la grama viendo una cometa volar; la cometa se mantenía estática, pero de pronto se desestabilizó y cayó en picada hacia las astas del chico. La joven que volaba la cometa se acercó rápidamente y ayudó al muchacho a desenredarse el nylon de la cabeza. Esta chica era bonita, esbelta, inteligente y, sobre todo, normal. Los dos se miraron como si fueran el uno para el otro, como si ese encuentro accidental fuera el comienzo de una serie de momentos perfectos, que los llevarían al enamoramiento, y demás cursilerías.

El chico de astas de alce acompañó luego a la joven a su casa; ella llevaba las manos en su bicicleta, y él, en sus bolsillos.

-Nos vemos –le dijo.

Ella caminó varios pasos adelante, volteó y sonrió, y él ondeó su mano sobre su cabeza despidiéndose. El padre de esta chica era callado, reacio, apático; siempre daba miradas furtivas al joven de astas de alce, miradas como de quien quiere cazar un animal, y era obvio por qué.

En uno de esos momentos de indecisión, en los que no se aceptaba a sí mismo, en los que no era feliz con su ser, el chico de las astas fue a un cobertizo y sacó de un montón de herramientas, unas pinzas, listo a sacarse su fea ornamenta. Pero ella llegó, y lo abrazó, y le dio a entender que no debía cambiar su apariencia para que lo aceptara, y él suspiró, entre triste y feliz. Luego pasaron el rato viendo el paisaje frío y lejano.

Los próximos días fueron de diversión, de risas, y de acercamiento. Fueron a los bolos algunas veces, y un día ella se emocionó tanto al tumbar todos los pinos de una vez, que le dio un beso en la mejilla al chico de las astas de alce. Él, por supuesto, sonreía atónito. Tal vez era su primer beso, tal vez era la primera persona con la que se sentía así. De vez en cuando iban a pasear, otras veces él enseñaba a la joven a bailar tap, y otras veces sólo no hacían nada.

Mira, tienes los cordones desatados –declaró él, y se agachó para atárselos. Cuando levantó la cabeza, una de sus astas levantó por accidente la falda de la joven. Ambos rieron ante el pequeño accidente, pero a su padre, que miraba desde la ventana, no le pareció tan gracioso.

Los enamorados empezaban a darse regalos; ella le dio un día una chaqueta nueva y él le agradeció con un beso. Era tanto el cariño que ya se tenían, que cometieron la osadía de pintar un corazón y un rostro femenino en una señal de tránsito que previene los accidentes por alces; lo que colmó la paciencia del padre de la chica.

Desde ese momento el viejo empezó a vigilar al joven, a seguirlo, a rastrearlo, a mirarlo por binoculares y, un día, se apareció detrás de él mientras caminaba, con ballesta en brazos y aires de decisión. El viejo apuntó a su presa. El chico de astas de alce, en su extrema humildad, sólo pudo señalar y dar un grito de alarma, pero muy tarde. Cuando el viejo se dio la vuelta, una camioneta familiar le impactó de lleno y le hizo caer con violencia; desbaratándose así su ballesta y saliéndosele uno de los zapatos. El chico de las astas se aproximó con compasión, y le observó rápidamente: tenía patas de venado. El viejo le regaló una mirada de arrepentimiento, y yendo en contra de las tragedias, no murió. Y todo lo contrario, se recuperó por completo, y terminó por aceptar la relación de su hija con el chico de las astas de alce, quien ahora podía visitarla con total libertad, y cuando llegaba, saludaba a su suegro con la más sincera sonrisa, y el suegro hacía lo mismo.

Sugar, we're going down, Fall Out Boy

01 noviembre, 2009

No es mío.

Paso a dejar un poema de una buena amiga mía, que plasmó de forma increíble la imposibilidad de alcanzar algo, y aquí específicamente, de un amor.


¿Cómo te lo escribo?
¿Cómo te lo expreso?
Que mi alma vive
y muere cuando
en ti pienso.

¿Cómo te atrapo?
¿Cómo te detengo?
Si vuelas en el aire
tan distante,
lejos de mi voz
que nunca saldrá.

¿Cómo te lo muestro?
¿Cómo te sostengo?
Si más lejos voy
en este intento
vano y ceñido,
de este invierno.

¿Cómo viajo hacia ti?
¿Cómo te atravieso?
Si el portal de tus ideas
está cerrado a la ilusión
de este aprieto
sin dirección.

¿Cómo lloro?
¿Cómo te contengo?
es irreversible y tonto
que te engalane
si todo está perdido.

¿Cómo te evito?
¿Cómo te escondo?
Si cada minuto
tu cara iluminada
hace parpadear a mi mirada
temblorosa y esclava
de perseguir tus
pasos y tus encantos.


¿Cómo hago?
Si tu imágen
se engrandece como
las nubes que pasan
como el sol de cada mañana...

¿Cómo te abrazaría?
Si tan sólo en pensar
en estar en tus brazos
me vuelve
muda y ansiosa
de tenerte y halagarte
noche y día.

y dime: ¿cómo?
simple o complejo.
Así cambian las
cosas cuando te
veo. Así te pienso,
así te extraño y te
deseo. No me rindo,
no me detengo, porque
de sólo pensar en ti
me elevo al cielo.


Adriana Nisperuza.

27 octubre, 2009

Como un pozo.


Ha pasado un buen.

Quisiera decir algo breve sobre el respeto, pero no diré lo de siempre. No diré que el respeto es fundamental, no diré que es de vital importancia, no diré que es la base de quién-sabe-qué, ni diré nada de esas cosas obvias. Sólo comento que te evita problemas.

¿O no, ya-sabes-quién?

En este mundo hay personas que viven felices haciendo sufrir a las demás, y sin importar cuán pequeña sea la falta de respeto que propicien, devastan mucho.

Puede sonar estúpido, pero no lo es.

Ha de sentirse fatal una persona que sólo encuentre complacencia y felicidad en el sufrimiento de otros; ni basta, ni es lo correcto.

Qué vacío.

06 octubre, 2009

Para los mentirosos, un saludo.

-Te quiero.
-¿Lo dices en serio?
-Sí, como la primera vez.
-No te creo.

-¿Por qué no me crees?
-Me has mentido mucho.
-No lo digas, no es cierto.
-¿Lo ves? Mientes de nuevo.

-No, yo no te miento.
-Tu mirada me dice que sí.
-No lo repitas, mi corazón se está partiendo.
-Y sigues mintiendo…

-¡Te digo la verdad!
-La verdad es que mientes.
-No lo digas más…
-Entonces sé sincero.

-Sólo escúchame.
-¿Cómo puedo escucharte, si mientes?
-Sólo escúchame, no tienes que creerme.
-Entonces háblame.

-Te quiero… Pero no como antes.
-Esa es la verdad, lo supe desde siempre.
-Y tú… ¿Me quieres?
-Mi verdad es quererte, y lo ha sido siempre.

"Liar, Liar!"
Alesana.

23 septiembre, 2009

¿Sólo mi imaginación?

Agobiarse porque no sé nada del examen de matemáticas, es absurdo. No es normal sentir lleno de espinas el corazón, sentir que luego de las punzadas cae a un abismo, que es pisoteado y escupido, maltratado, despreciado y rechazado, sólo porque no recibo más atención que un poste de luz. No es normal, desgastar mi gastada mente acribillando pensamientos en los dilemas de un problema que no tiene solución. La distancia es algo temible.

Entonces, ¿es estúpido desaparecer entre la multitud y sentirme mal porque nadie me extraña? ¿es estúpido que sangren mis oídos al escuchar una risa que no soporto? ¿es estúpido, sentir que quiero a una persona, y saber que nunca más ni siquiera la voy a ver? Es muy estúpido, no es nada normal.

No es nada normal que esté resentido, molesto, e incluso devastado, porque mi hermana no me prestó dinero. Es estúpido. Tampoco es normal sentir frío cuando hace tanto calor, ni sentir calor cuando no debería sentir nada. Es estúpido sentir que todo conspira en mi contra cuando es sólo mi imaginación, si es que es sólo mi imaginación.


I'd photocopy all the things that we could be, if you took the time to notice me, but you can't now, I don't blame you, and it's not your fault that no one ever does.

19 septiembre, 2009

Esos labios.

Alguna fuerza extraña que no puedo comprender me hizo escribir anoche, y de alguna manera solté cosas que sentía, al día siguiente lo noté. En fin, aquí está lo susodicho.

He mirado por días, en las noches, los tejados,

y observé que están oscuros, decrépitos, acabados…

Como la sombra de mis ojos al insomnio.

Yo noté, que nadie vigila mientras duermes,

porque confías ciegamente en las ventanas.

Cristal invisible de más cristales,

que proyecta en tu rostro,

la mañana.


He aprendido que no puedo llegar a ti,

caigo siempre sin manos que agarrar,

ni siluetas que mirar.

Sentí que te niegas a confirmar tu desprecio,

ése que te acompaña por razones inefables.

Noté que tu mirada tiene miles de matices,

y yo juego a los necios, siempre mirándote.

Lastimándome, con tu fervor olvidado: verde, oscuro, jade.


No hay maneras de caminar a tu lado,

ni de enseñarte a quererme,

ni de explorarte como quiero:

con miradas prolongadas y ojos pequeños.

¡Tampoco hay formas de no apreciarte!

Que sea lejano el día en que te marches…

Porque ya no quiero que te marches.

De todos modos, algo de mí desea despedirte.


Mejor apresura tu camino y hazlo más fácil,

aunque no sea indoloro.

Anda, mira que me estoy acostumbrando,

A tu lado, a tu lado.

Ya quiero sanarme de ti para correr de nuevo,

y olvidarme también de las penurias del pasado.

Anda, besa mi frente como antes del cansancio…

Y le dijo adiós, a los que nunca probé, y nunca quise: esos labios.