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28 noviembre, 2009

Cariño, nos venimos abajo.

Érase una vez un chico que nació con astas de alce. Un día, mientras caminaba tranquilo, niños que jugaban le arrojaron una prenda de vestir algo extraña, que quedó guindando en sus astas. Pero él, entre suspiros incesantes, siguió caminando. Algunas veces en vez de arrojarle cosas le hacían señas con las manos.

Otro día estuvo sentado en la grama viendo una cometa volar; la cometa se mantenía estática, pero de pronto se desestabilizó y cayó en picada hacia las astas del chico. La joven que volaba la cometa se acercó rápidamente y ayudó al muchacho a desenredarse el nylon de la cabeza. Esta chica era bonita, esbelta, inteligente y, sobre todo, normal. Los dos se miraron como si fueran el uno para el otro, como si ese encuentro accidental fuera el comienzo de una serie de momentos perfectos, que los llevarían al enamoramiento, y demás cursilerías.

El chico de astas de alce acompañó luego a la joven a su casa; ella llevaba las manos en su bicicleta, y él, en sus bolsillos.

-Nos vemos –le dijo.

Ella caminó varios pasos adelante, volteó y sonrió, y él ondeó su mano sobre su cabeza despidiéndose. El padre de esta chica era callado, reacio, apático; siempre daba miradas furtivas al joven de astas de alce, miradas como de quien quiere cazar un animal, y era obvio por qué.

En uno de esos momentos de indecisión, en los que no se aceptaba a sí mismo, en los que no era feliz con su ser, el chico de las astas fue a un cobertizo y sacó de un montón de herramientas, unas pinzas, listo a sacarse su fea ornamenta. Pero ella llegó, y lo abrazó, y le dio a entender que no debía cambiar su apariencia para que lo aceptara, y él suspiró, entre triste y feliz. Luego pasaron el rato viendo el paisaje frío y lejano.

Los próximos días fueron de diversión, de risas, y de acercamiento. Fueron a los bolos algunas veces, y un día ella se emocionó tanto al tumbar todos los pinos de una vez, que le dio un beso en la mejilla al chico de las astas de alce. Él, por supuesto, sonreía atónito. Tal vez era su primer beso, tal vez era la primera persona con la que se sentía así. De vez en cuando iban a pasear, otras veces él enseñaba a la joven a bailar tap, y otras veces sólo no hacían nada.

Mira, tienes los cordones desatados –declaró él, y se agachó para atárselos. Cuando levantó la cabeza, una de sus astas levantó por accidente la falda de la joven. Ambos rieron ante el pequeño accidente, pero a su padre, que miraba desde la ventana, no le pareció tan gracioso.

Los enamorados empezaban a darse regalos; ella le dio un día una chaqueta nueva y él le agradeció con un beso. Era tanto el cariño que ya se tenían, que cometieron la osadía de pintar un corazón y un rostro femenino en una señal de tránsito que previene los accidentes por alces; lo que colmó la paciencia del padre de la chica.

Desde ese momento el viejo empezó a vigilar al joven, a seguirlo, a rastrearlo, a mirarlo por binoculares y, un día, se apareció detrás de él mientras caminaba, con ballesta en brazos y aires de decisión. El viejo apuntó a su presa. El chico de astas de alce, en su extrema humildad, sólo pudo señalar y dar un grito de alarma, pero muy tarde. Cuando el viejo se dio la vuelta, una camioneta familiar le impactó de lleno y le hizo caer con violencia; desbaratándose así su ballesta y saliéndosele uno de los zapatos. El chico de las astas se aproximó con compasión, y le observó rápidamente: tenía patas de venado. El viejo le regaló una mirada de arrepentimiento, y yendo en contra de las tragedias, no murió. Y todo lo contrario, se recuperó por completo, y terminó por aceptar la relación de su hija con el chico de las astas de alce, quien ahora podía visitarla con total libertad, y cuando llegaba, saludaba a su suegro con la más sincera sonrisa, y el suegro hacía lo mismo.

01 noviembre, 2009

No es mío.

Paso a dejar un poema de una buena amiga mía, que plasmó de forma increíble la imposibilidad de alcanzar algo, y aquí específicamente, de un amor.


¿Cómo te lo escribo?
¿Cómo te lo expreso?
Que mi alma vive

y muere cuando
en ti pienso.

¿Cómo te atrapo?
¿Cómo te detengo?

Si vuelas en el aire
tan distante,
lejos de mi voz
que nunca saldrá.

¿Cómo te lo muestro?
¿Cómo te sostengo?
Si más lejos voy

en este intento
vano y ceñido,
de este invierno.



¿Cómo viajo hacia ti?
¿Cómo te atravieso?
Si el portal de tus ideas

está cerrado a la ilusión
de este aprieto
sin dirección.

¿Cómo lloro?
¿Cómo te contengo?

es irreversible y tonto
que te engalane
si todo está perdido.



¿Cómo te evito?

¿Cómo te escondo?
Si cada minuto

tu cara iluminada
hace parpadear a mi mirada
temblorosa y esclava
de perseguir tus
pasos y tus encantos.

¿Cómo hago?
Si tu imágen
se engrandece como

las nubes que pasan
como el sol de cada mañana...

¿Cómo te abrazaría?
Si tan sólo en pensar
en estar en tus brazos
me vuelve
muda y ansiosa

de tenerte y halagarte
noche y día.

y dime: ¿cómo?
simple o complejo.
Así cambian las
cosas cuando te
veo. Así te pienso,
así te extraño y te
deseo. No me rindo,
no me detengo, porque
de sólo pensar en ti
me elevo al cielo.


Adriana Nisperuza.

27 octubre, 2009

Como un pozo.


Ha pasado un buen.

Quisiera decir algo breve sobre el respeto, pero no diré lo de siempre. No diré que el respeto es fundamental, no diré que es de vital importancia, no diré que es la base de quién-sabe-qué, ni diré nada de esas cosas obvias. Sólo comento que te evita problemas.

¿O no, ya-sabes-quién?

En este mundo hay personas que viven felices haciendo sufrir a las demás, y sin importar cuán pequeña sea la falta de respeto que propicien, devastan mucho.

Puede sonar estúpido, pero no lo es.

Ha de sentirse fatal una persona que sólo encuentre complacencia y felicidad en el sufrimiento de otros; ni basta, ni es lo correcto.

Qué vacío.

06 octubre, 2009

Para los mentirosos, un saludo.

-Te quiero.
-¿Lo dices en serio?
-Sí, como la primera vez.
-No te creo.

-¿Por qué no me crees?
-Me has mentido mucho.
-No lo digas, no es cierto.
-¿Lo ves? Mientes de nuevo.

-No, yo no te miento.
-Tu mirada me dice que sí.
-No lo repitas, mi corazón se está partiendo.
-Y sigues mintiendo…

-¡Te digo la verdad!
-La verdad es que mientes.
-No lo digas más…
-Entonces sé sincero.

-Sólo escúchame.
-¿Cómo puedo escucharte, si mientes?
-Sólo escúchame, no tienes que creerme.
-Entonces háblame.

-Te quiero… Pero no como antes.
-Esa es la verdad, lo supe desde siempre.
-Y tú… ¿Me quieres?
-Mi verdad es quererte, y lo ha sido siempre.

"Liar, Liar!"
Alesana.

28 septiembre, 2009

Double (?).

Como pasaron cinco días desde la última entrada, tengo pensado subir dos cosas. Una es una comparación entre cosas que... Bueno, una comparación; la otra es un poema.

Espero guste D:

No me llevo con cucarachas


Como aquella que está frente a mí, balbuceando cosas sin sonido, o como el dúo aquel que va cantando mentiras.


Quisiera eliminar estas cucarachas con los disparos del insecticida que tengo guardado, pero no son las únicas molestias que hay. Están aquellas cuya estima exagerada no soporto, y a ésas me provoca encerrarlas con candado. Existen también las que se ríen de lo que no deben, y callan cuando hay que hablar, para éstas no existe el encierro, sólo el destierro.


Hablemos de las que cantan mentiras, pues la voz temblorosa no es nada agradable, y las letras de sus canciones son más repulsivas que degradantes. El dedo que osa con apretar el gatillo se niega, y se ríe, ¿para qué gastarse con semejante parásito de mente ambigua? Arrojemos a las cucarachas al agua, dice, y será divertido verlas hundirse mientras parlotean.


Ah, pero qué asco… Habladoras, malas cantantes, seres sobreestimados, burladoras… Vaya, pero qué parecido con las personas guardan estos insectos.


Mi secreto escondido
El rocío prefiere la mañana,
las cascadas prefieren caerse,
yo prefiero amarte.
Mi audición quiere no escuchar y
mi vista prefiere no dormir.


No llegan las palabras que debería usar

para decirte que te vayas y te alejes,

que sí es saludable despedirse…

Aunque es letal,
pero sólo a veces.
Puedes, claro que puedes, quedarte junto a él,
mientras las palabras no me fluyen
y me cubre
la mudez.
Yo sólo puedo mover mis manos,
para intentar explicarte,
mi adiós
otra vez.
Pisotéame.
Es lo primero para disculparte como siempre,

y usarme diminutivos,
para apaciguar en vano,

este dolor que traigo
desde hace años
Vamos a sentarnos en la nada, para hablar por
horas,
de lo que nos hace daño y de lo que no podemos ser,
pues,
nada podemos ser.
Entonces no hablaríamos,

porque ya ni siquiera te quiero ver.


Recordando lo que el rocío prefiere

y lo que las cascadas también…
Yo ya no quiero amarte.
Escucharé mis sueños,
Y concluiré de una vez…
Que es en vano quererte,
Que es en vano desearte,
Que es en vano mirar tus ojos
Y los míos, Intentando llenar, revivir y encontrar,
Lo que está
vacío, muerto, perdido.
Mi secreto escondido.

(...)

PD: El poema no va dedicado a nadie, por si acaso.

23 septiembre, 2009

¿Sólo mi imaginación?

Agobiarse porque no sé nada del examen de matemáticas, es absurdo. No es normal sentir lleno de espinas el corazón, sentir que luego de las punzadas cae a un abismo, que es pisoteado y escupido, maltratado, despreciado y rechazado, sólo porque no recibo más atención que un poste de luz. No es normal, desgastar mi gastada mente acribillando pensamientos en los dilemas de un problema que no tiene solución. La distancia es algo temible.

Entonces, ¿es estúpido desaparecer entre la multitud y sentirme mal porque nadie me extraña? ¿es estúpido que sangren mis oídos al escuchar una risa que no soporto? ¿es estúpido, sentir que quiero a una persona, y saber que nunca más ni siquiera la voy a ver? Es muy estúpido, no es nada normal.

No es nada normal que esté resentido, molesto, e incluso devastado, porque mi hermana no me prestó dinero. Es estúpido. Tampoco es normal sentir frío cuando hace tanto calor, ni sentir calor cuando no debería sentir nada. Es estúpido sentir que todo conspira en mi contra cuando es sólo mi imaginación, si es que es sólo mi imaginación.


I'd photocopy all the things that we could be, if you took the time to notice me, but you can't now, I don't blame you, and it's not your fault that no one ever does.

19 septiembre, 2009

Esos labios.

Alguna fuerza extraña que no puedo comprender me hizo escribir anoche, y de alguna manera solté cosas que sentía, al día siguiente lo noté. En fin, aquí está lo susodicho.

He mirado por días, en las noches, los tejados,

y observé que están oscuros, decrépitos, acabados…

Como la sombra de mis ojos al insomnio.

Yo noté, que nadie vigila mientras duermes,

porque confías ciegamente en las ventanas.

Cristal invisible de más cristales,

que proyecta en tu rostro,

la mañana.


He aprendido que no puedo llegar a ti,

caigo siempre sin manos que agarrar,

ni siluetas que mirar.

Sentí que te niegas a confirmar tu desprecio,

ése que te acompaña por razones inefables.

Noté que tu mirada tiene miles de matices,

y yo juego a los necios, siempre mirándote.

Lastimándome, con tu fervor olvidado: verde, oscuro, jade.


No hay maneras de caminar a tu lado,

ni de enseñarte a quererme,

ni de explorarte como quiero:

non miradas prolongadas y ojos pequeños.

¡Tampoco hay formas de no apreciarte!

Que sea lejano el día en que te marches…

Porque ya no quiero que te marches.

De todos modos, algo de mí desea despedirte.


Mejor apresura tu camino y hazlo más fácil,

aunque no sea indoloro.

Anda, mira que me estoy acostumbrando,

A tu lado, a tu lado.

Ya quiero sanarme de ti para correr de nuevo,

y olvidarme también de las penurias del pasado.

Anda, besa mi frente como antes del cansancio…

Y le digo adiós, a lo que nunca probé, y nunca quise: esos labios.